Decía en la anterior entrada (permitidme que haga como si
apenas hubiera pasado tiempo...) que tantísimas veces el cerebro hace como Messi.
Coge una idea normal, una pelota suelta en medio del campo, y la transforma en
algo increíble.
Un ejemplo ilustrativo de lo que quiero decir es el que me
sucedió cuando mi mujer estaba embarazada de un niño e iba quedando menos para
el parto. Debían quedar un par de meses, quizá menos, cuando durmiendo
apaciblemente en la cama soñé que mi mujer se ponía de parto antes de lo
previsto y corríamos al hospital.
De repente, estábamos en la sala de parto y
todo el proceso ya había terminado (¿Sabéis esos maravillosos lapsos de tiempo y
de lugar de los que se abusa en los sueños…?). Pues bien, el derroche de
creatividad e improvisación se manifestó en que antes de que naciera el bebé
que esperábamos, salieron tres niñas más.
Y no tiene precio recordar como el
ginecólogo decía “Mira, resulta que las otras no las habíamos visto en las
ecografías… estas cosas a veces pasan”, y lo hacía con una pasividad asombrosa.
Me sorprendió a la par que me enamoró, la forma que tiene
nuestro de cerebro de coger una idea o situación que nos preocupa, y trabajarla.
¿Sabrá desde el principio donde quiere ir? ¿o se dejará llevar por el espíritu de
improvisación de un saxofonista curtido en mil escenarios?
Recuerdo que me desperté preocupado pensando en ¡cómo íbamos
a llevarnos a todos del hospital si sólo teníamos una sillita para el coche! Hubo
un momentito de confusión y espanto, y después, la risa.
Seguid soñando, si podéis.
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